Buscar
  • sarahermarq

Capítulo 2: 12-17 mayo. Alfred. 20 Park Avenue. Midtown. Manhattan

No quería pasar otra noche más en la casa de Jo, pero a la vez era consciente del reto que estaba asumiendo y que no, por la primera vez que las cosas se torcieran, tenía que tirar la toalla. Además, ya estaba preparada, en cierto modo, para estas turbulencias. Cuando estuve en Chicago me puse a reflexionar sobre todos los posibles escenarios que podrían tener lugar, de modo que pudiera estar precavida para cualquier altercado: me expulsan de una casa, la persona que me acoge quiere algo que yo no quiero, veo cosas en las casas que no me gustan etc.


Esta forma de actuar es lo que yo llamo “Decide before you arrive” (decide antes de llegar). Solo si incubas bien una decisión, serás capaz de mantenerla cuando todo se ponga más difícil. Es un mensaje que me ha acompañado a lo largo de mi vida y es tremendamente útil porque la realidad es que no siempre todo saldrá como esperamos, pero mientras recordemos cual fue la decisión inicial que tomamos, todo estará más bajo control. Piénsalo, si no maduráramos nuestras decisiones, nos dejaríamos llevar por los impulsos, que, en este caso, hubiera sido alquilar una habitación de hotel para deshacerme del problema – opción que no estaba dentro de mi abanico de posibilidades. No quiero que todo esto quede como un conjunto de palabras biensonantes, así que detallaré cuales fueron exactamente las decisiones que tomé antes de llegar a Nueva York. En concreto fueron tres: La primera, tenía que ver con el sentido común. Me propuse vivir una experiencia completa y dentro de ello, no entraba, por ejemplo, el hecho de trasladarme de casa en casa en taxi. Así que, me obligué a usar únicamente el metro como medio de transporte. No por una cuestión de frugalidad – administración correcta de los recursos, sino más bien por mantener una coherencia a lo largo del viaje. El razonamiento que llevaba a cabo era siguiente: “Sara, si vas a dormir en el sofá de un extraño, con el esfuerzo emocional que conlleva, no tiene mucho sentido que te mudes de sitio en sitio en taxi, un medio fácil y cómodo. Si quieres Couchsurfing, lo aceptas con todas sus consecuencias”. Esta primera decisión también tuvo otras aplicaciones prácticas, como el evitar ir de compras ya que, si yo sola iba a transportar mi maleta armario por toda la ciudad, debía hacer lo posible para que el peso de esta no me provocara un lumbago crónico. La segunda decisión hacía referencia a la disciplina. Sabía que no estaba en la gran manzana de turismo; iba allí para trabajar y bajo ningún concepto quería que este sistema de vivir en casas desconocidas afectara a mi rendimiento en el consulado. Es más, cuanto más lejos vivía del trabajo, más pronto me proponía llegar. No fuera que, por algún imprevisto, un día llegara tarde y tuviera que revelar el tour de casas en el que estaba envuelta. En un principio planeé que los días de mudanza fueran los domingos, para que me diera tiempo a instalarme y fuera más tranquila el lunes al trabajo. Sin embargo, esto era muy bonito para hacerse realidad y en muchas ocasiones me tocó llegar a las casas entre semana a las 23:00h, haciendo malabares a la mañana siguiente para llegar al trabajo. En fin, pronto conocerás alguna que otra historia muy divertida. La ultima decisión que tomé estaba relacionada con la determinación. Nada podía interrumpir Couchsurfing a no ser que fuera una causa de fuerza mayor, es decir, un asunto completamente ajeno a mi. Terminantemente prohibido coger hoteles o quedarme en casas de amigos que me hagan la vida más simple. Solo valoraba la opción de acortar estancias con los anfitriones si encontraba otro espacio donde quedarme, dentro de la comunidad Couchsurfing. Estarás pensando, - “qué mártir, ¿no?” Verás que emocionante cuando te cuente que me enamoré de un chico que me hizo escoger entre vivir con él el resto del verano o seguir navegando por casas.

Sabía que, en la práctica iba a ser todo mucho más arduo y que me iba a encontrar muchos lugares poco decentes, pero el hecho de exponerme a esa posible realidad, la hacía simplemente mas llevadera. Método decide before you arrive, ya sabes.


Por lo tanto, cuando me vi en casa de Jo, enfrentándome a mi primera complicación, puse en marcha todo este mecanismo de toma de decisiones y se me ocurrió llamar al siguiente anfitrión para preguntarle si podía adelantar un par de días lo acordado. Me dijo que si, que no había problema. Ese host, se llamaba Alfred y así, da comienzo mi segunda aventura.


Recogí y mis maletas y me puse rumbo a Manhattan. Recuerda que en ese momento estaba en Queens y que desde que había llegado no conocía más que un edificio suntuoso. Eran las 11 de la mañana y tenía que ir a la estación de Grand Central, el corazón de Nueva York. Alfred vivía en una de las famosas avenidas que cruzaba la ciudad, “Park Avenue” y lo mejor de él es que era un "A15 – K23:00AAA" en toda regla. Me abrió la puerta y me recibió con los brazos abiertos. Fue como darme una segunda oportunidad. Venga, ¡empezamos desde cero! – me dije.


Alfred era un argentino que llevaba ya unos diez años trabajando en Nueva York en un banco líder en el mercado. En concreto, él se dedicaba a banca inversión lo que le daba una vida muy acaudalada, sí, pero también muy ajetreada. En raras ocasiones le veía en su casa relajado. Llegaba, se daba una ducha rápida, pedía comida a domicilio y se iba a dormir porque al día siguiente se levantaba extremadamente pronto para hacer su sesión rutinaria de ejercicios. Más que un miembro de Couchsurfing con el que compartir experiencias, yo era una especie de espectador imparcial, alguien que entendía el tipo de vida que llevaba Alfred y que asumía, sin ningún ánimo, su nivel de involucración. Todo esto no quita que el fuera una persona increíblemente educada y atenta. De hecho, valoré mucho que una tarde me hiciera un hueco en su apretada agenda para tomar unas cervezas. Estuvimos dando un paseo por Midtown y acabamos el día en un bar de afterwork. Ahí nos conocimos un poco más. Si que es cierto que él tenía cierta predisposición a hablar de su trabajo. No es porque me deje llevar por los estereotipos, pero no me digas que Alfred, ¿no parece el típico hombre de negocios de Wall Street?


Esa noche me comentó que dentro de dos semanas se iba a Medellín con unos amigos, para celebrar la promoción de uno de ellos y que, si quería ir con él, que me pagaba el viaje. Tal y como lees. Me pareció una oferta muy suculenta, pero había dos factores muy importantes que me hacían replanteármelo. Uno, el trabajo, obvio. Dos, durante esos días venía a visitarme Spencer que como dije en el capítulo anterior, era mi novio. Así pues, tuve que decir que no a Colombia. Seguro que ya te estas empezando a preguntar si Couchsurfing y los novios se caen bien. Pues la verdad es que no mucho, evidentemente. Pero en mi caso, tampoco fue un gran drama. Confiábamos mucho el uno en el otro. Lo que no voy a negar es que, para muchos, esta página web sea el mejor medio moderno para ligar. De hecho, mucha gente que indica en su perfil que solo acoge a un género determinado- ¿Por qué será? Para protegerse o aprovecharse, no hay más opciones. Hay una opinión muy generalizada de que es una versión de Tinder 2.0. en el sentido de que vas rotando entre inquilino e inquilino y alguno te gustará. Cuando en Chicago me puse a hacer el filtrado de ofertas que me llegaron, muchas las rechacé por esto mismo, eran evidentes las pretensiones tal y como se presentaban los anfitriones. “Gracias, pero no quiero ser víctima de un Tinder 2.0 J” - contestaba. Hablé bastante de esto con Alfred y me contó una historia que apenas me atrevo a redactarla. Por lo visto, conoció a unas chicas que cuando probaron su primera experiencia Couchsurfing vivieron una situación lamentable. Fueron a la dirección que el anfitrión les había indicado. Cuando llamaron a la puerta, el tipo se la cerró en sus caras inmediatamente. Ellas no entendían nada. Era muy tarde y prácticamente inviable ir a otro lugar. Probaron de nuevo a llamarle al telefonillo para pedirle una explicación. Después de intentarlo varias veces, éste contestó con tono agresivo: “Get out of here, you are too ugly even for a blowjob.” (Para todos aquellos que no sepáis inglés, imaginaros una guarrería, no merece la pena traducirlo). Me llamó mucho la historia, pero también le dije que Alfred que gente así, descerebrada, hay en todas partes, y que simplemente, usando esta página web, estás más expuesto a encontrártelos. Por eso mismo la importancia de analizar muy bien previamente dónde y con quién te estas quedando.


Para todo aquellos que ya hayáis borrado la opción de Couchsurfing del mapa, he de decir, que en mi caso pocas situaciones se acercaron a esa. Es más, con personas como Alfred a veces dudada entre si estaba usando esta página web u hospedándome en un Four Seasons. Su trato era exquisito y se convirtió sin duda en unos de los hosts más respetuosos que me llegó acoger. Relacionado con esto, viví el primer día con él una situación muy graciosa. Cuando llegué a su casa y estábamos en el salón me propuso dormir en el sofá o en cama. Yo, que veía una cama ahí en el salón dije sin pensármelo dos veces – anda, ¡pues cama! De lo que no me di cuenta es que su piso era más bien un loft y el que resto de puertas que había eran un baño y un armario. Ergo, la cama del salón que había escogido era la suya. Cuando me quise dar cuenta – básicamente cuando salió del baño y se metió en pijama en esa cama, quedaba raro corregir mi decisión. Así que, me callé y me metí en la cama también. Nada describe mejor esta situación que la expresión: “Mi gozo en un pozo”. El primer día se me hizo un poco extraño pero el resto fue todo muy normal, como si fuéramos compañeros de toda la vida. Es más, por raro que suene, una noche, compartiendo almohada, nos quedamos hablando tranquilamente 3 horas.


Cuando hablo con la gente de mi primera experiencia en Nueva York, suelo pasarme por alto la estancia en casa de Jo y hablo directamente de Alfred. ¿Por qué? Porque realmente en la primera casa ni siquiera deshice las maletas y después de varios meses me di cuenta que lo que representa Couchsurfing es el hecho de instalarse en una casa con todo lo que implica: conocer bien cada rincón, saber cual es el supermercado más cercano, el gesto de llevar disimuladamente tu neceser al baño y encontrar un escondrijo donde dejarlo, aprenderte de memorias las vistas, saber qué la mejor luz no es la grande sino la que se esconde detrás de la cortina etc. Todos estos pasos los comencé a dar en casa de Alfred, por eso, aunque no pasamos mucho tiempo juntos, le recuerdo como un anfitrión muy especial. La única pega que sacaría de esta estancia es que me acostumbré a vivir en una burbuja de comodidad que el resto del verano ya no me volvió a ofrecer.


Ya para terminar, un último detalle. ¿Recuerdas que Alfred me comentó que se iba con unos amigos a Medellín y que al final rechacé la propuesta? Bien, pues me dijo que durante ese tiempo la casa iría a estar vacía y que me la dejaba si quería. De repente tenía una semana cerrada en un loft en Park Avenue. Un regalo caído del cielo. Estas cosas amigo, solo ocurren usando una plataforma como Couchsurfing.


Después de Alfred, tocó vivir con George. Si te fijas en las fechas de los capítulos, desde que me fui de una casa a otra hay un salto de unos 10 días. Esto es porque volví a mi querida España. Llevaba ya mucho tiempo fuera de intercambio y tenía que dar a mi familia alguna señal de vida que no fuera escribir un whatsapp o publicar una foto. Me gustó volver. Otra vez pasar tiempo en casa, reír con las cinco amigas de siempre, compartir sofá con mamá un domingo por la tarde, salir a correr por mi zona favorita etc. Además, a parte de estos quehaceres varios, se hacía necesaria la vuelta por otro motivo muy importante: todo mi equipaje era una masa de abrigos de plumas poco útil para lo que me esperaba. Pasaba de Chicago, una de las ciudades con los inviernos más fríos del mundo, a Nueva York, un destino donde el verano solo te pide aire acondicionado.

2 vistas
I Sometimes Send Newsletters
This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now