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  • sarahermarq

Reflexiones de un viaje largo

Actualizado: 29 de jun de 2019

Durante el mes de Julio pasé 8 días Baku (Azerbaijan) donde conocí gente estupenda. Para ir allí, paré un par de días antes en Berlin y a la vuelta en Budapest (son mis dos ciudades europeas favoritas) y tras Budapest, en vez de volver a Madrid directamente estuve en Bruselas otros 3 días más. El único sitio al que iba con planes era Baku, en el resto, el protagonista era la improvisación.


Ayer por fín pude volver a respirar ese olor que se llama hogar. La verdad que ha medida que van pasando los días cuando uno viaja, el cuerpo pide a gritos la cama en la que reposa todas las noches, la sopa de fideos de mamá que muchas veces despide el día, los armarios con bolsitas de lavanda que invitan a colgar la ropa en ellos o simplemente unas horas sentado en tu lado preferido del sofá mientras ves una peli.


Parece que al hablar de todas estas bendiciones que van aparejadas al hecho de estar en casa, rechace viajar sola, viajar sin nada establecido de antemano, como a la deriva. Pero no. Al final le acabo cogiendo el gustillo a esa situacion de incertidumbre sobre donde dormiré esa noche o sin ir más lejos, que haré las próximas horas. Yo soy la culpable de que aterrice a una ciudad con todos estos interrogantes en mi cabeza, porque perfectamente podría pedirle a una amiga que me acompañara o reservar una habitación para esa noche pero a veces no sigo esas pautas.


Lo unico que tengo seguro cuando llego a un aeropuerto es saber como llegar al centro (casi siempre todos estan en mordor y es complicado). Regla número 1: nada de taxis, apáñatelas como sea Sara. Una vez que lo consigo, mis pies ya andan solos. Ellos son los que deciden por ejemplo, en que escaparate pararme. A veces dejo que éstos descansen y le paso el “role” a los ojos. Esos momentos son los mejores. Buscan un lugar cómodo con vistas bonitas (o bueno, también feas merecibles de ser admiradas), reposas la mochila y observas.


Muy pocas veces observamos, siempre vamos con prisas, parece que el ser humano nace con esa condición de ajetreado. Solo se mueve de un lado a otro pero pocas veces piensa, reflexiona. Yo misma reconozco, que cuando estoy inmesa en esa burbuja de automatismo durante la universidad, solo dedico a mí los 5 últimos minutos antes de dormir.


Vaya, ahora escribiendo esto me viene una paradoja a la cabeza. Antes decía que a veces son los ojos los que inaguran ese momento de desconexión cuando uno se pone a observar lo que tiene en frente. Pero por otro lado, tambien son los culpables de poner fin a ese momento, cuando se alian con el cansancio y de forma casi inconsciente te duermes.


Por esto mismo, por esos pocos minutos que durante el año destino a mí, hago este tipo de viajes a los que llamo “viajes de soledad provocada”. Aviso, los conceptos “pensar” y “observar” no son necesariamente ponerse a buscar el sentido de la vida, ni mucho menos. Pueden consistir siemplemente en ponerse a pensar mientras uno mira la calle – A donde irá ese tipo? ó, – Por qué el pavi que pinto esa escultura usó el color verde? quizás el color marrón lo utilizó para pintar la fachada de su casa de campo y no le quedaba otro. Me divierto yo sola. (jaja). Enserio.


Me acuerdo que cuando estuve en Berlín, me quede un buén rato sentada en las escaleras de Alexander Platz viendo a dos chicas jóvenes tocar el violín. Lo lógico sería que dijera “escuchando” no? Pero lo cierto es que me quede ahí como una hora mirandolas sin hacer caso a la música. Me pregunté que se les pasaría por la cabeza para escoger esa plaza para tocar, me parecía un pésimo lugar. Estaban en un lado de la plaza pegado a unos inmensos edificios de oficinas. Por delante de ellas solo pasaban maletinas llenos de infórmenes, contratos, ordenadores… Se creerían esas muchachas que el personaje robotizado que las rodearía sustituiría sus pensamientos de:  Tengo la reunión a las 10:25, me da tiempo a repasarlo todo y hasta pedirme un café. Por otros parecidos a: Uy! que música tan melódica… Lo dudo.


Para este tipo de situaciones, tienes que buscar transecuentes que encajen en el perfil de Lobo Estepario. Este tipo de sujeto, tal y como lo describe Hermann Hesse en su libro, sería algo parecido a mí, una persona corriente pero que presta mucha atención a los detalles, al menos como para quitarte los auriculares cuando pasas delante de alguien tocando un instrumento. Ademas, si le sueltas una sonrisa quizás le alegres un poco más el día que si le das 50 céntimos como si de una máquina exprendedora se tratase. Detalles, detalles.


Bueno, después de analizar el craso error que cometieron aquellas chicas, me puse a pensar qué movida haría yo en su situación para llamar la atención de la gente. Estuve pensando y pensando y me vinieron varias ideas a la cabeza. Pero Ey! Aquí va un consejo que leí el otro día. Fernando Trias de Bes, un economísta espléndido, en uno de sus libros acerca del emprendimiento advierte que a la hora de comenzar un negocio no nos debemos comer la cabeza con la idea. La idea es algo abstracto que flote en nuestra mente y lo importante para emprender es materializarla de una forma atractiva para el público. Cuando comenzamos algo dedicamos mucho tiempo el término “idea”, queremos algo diferente, nunca visto, nos recreamos pensando que no lo podemos contar porque quizás nos copian pero Trias de Bes dice que todo eso son chorradas, que el éxito de nuestro negocio se garantiza llevando a cabo una buena ejecucción, más que el hecho de que la idea sea la bomba. A qué viene esto? Pues esta enseñanza ví que la podía aplicar justamente a este momento en la plaza sentada. Por lo tanto, cuando se me ocurrió la idea, sabía que tenía de desarrollar un plan molón para llevarla a cabo. La idea es básica, escribir en un papel. (No tengo el don para tocar instrumentos, ni para hacer malabares). Luego pensé, ahora que escribo?


Mientras tanto ahí estaba yo, dejando que los minutos pasasen a la vez que circulaban a mi al rededor personas trajeadas de izquierda a derecha, algunos con prisas, otros hablando por teléfono enfadados, otros dando el último sorbo a su “frapu” de Starbucks. Pero en general, poca serenidad, mucho movimiento de personas poco libres atadas a horarios, citas etc, un contexto muy propio de un 1984 Orwelliano. Poco a poco mi idea empezó a coger forma. Todo partió de la siguiente premisa. Un 73% de las cosas que oímos en nuestro día a día son negativas, un vecino quemado por su trabajo, un conductor enfadado porque el de alante va muy despacio o muy deprisa, una amiga que critica a la otra porque no le ha invitado a la playa, las noticias por supuesto… Es como si los medios de comunicación tuvieran una función intrínsica de informar (pero sobre desgracias). Estoy segura de que muchas cosas buenas también pasan, o es que quizás seamos un poco canallas y prefiramos escuchar que el Sr X-corrupto ha estafado 10 millones a que el Sr Y-bondadoso ha donado esa cantidad a un colegio en Mozambique. Esta claro que la primera opción suscitaría más debate en la sobremesa, taco por aquí taco por allí… en cambio la segunda opción daría lugar a algo parecido a esto: Bueno, todavía quedará alguno bueno por ahí.

¿Quién quiere jugar al Mus?


Como somos eh… Bueno, vayamos al grano explicando la premisa, este último tema lo dejo para otra reflexión. La conclusión a la que llegué es que deberíamos escuchar más positivismo y menos parafernalias del estilo que hagan sufrir a nuestros oidos. Es por esto que pensé, que en ese papel que usaría para llamar la atención escribiría algo como: “Hola! Escucho historias de amor gratis”.

Me daría igual que tipo de historias me contasen, con final feliz o triste, al fin y al cabo serían de amor. Me gusta mucho una frase que leí hace tiempo que decía: Ella está enamorada del amor, pero no sabe amar. Es posible que me identifique con esa “ella”. No sé si lo que amo es de verdad el sentimiento de amar pero de lo que estoy segura es que me enamora el concepto amor.


Sonare romántica o lo que sea pero lo cierto es que el amor siempre ha movido el mundo. Desde el mismísmo Jesucristo, que por Amor  hacía nosotros murió y luego resucitó (Gracias Señor, que juegas un papel clave en mi vida) a por ejemplo, Nelson Mandela, expresidente sudafricano que con sus ideales cambió toda una sociedad, Martín Luther King, que por amor luchó por los derechos civiles de los afroamericanos o directamente mi querido padre y madre, que por amor incondicional me han dado una vida de princesa.


Me gustó tanto esa frase de “Escuacho historias de amor gratis” que me pregunté si tendría “eggs” para escribirla en una hoja y ponerla delante de mí. Bueno, pues saqué de la mochila un folio y la escribí (evidentemente en inglés). Sin embargo, trás el previo análisis del entorno que hice, sabía que tenía que buscar un lugar difente para hacerlo si no quería que me tomaran por un arbusto. Caminé un poco y en una zona más tranquila me senté, dejé el papel en el suelo y esperé.


Tachán! a los 5 minutos un amable caballero retrocedió unos pasos y me dijo: You know what? I’m in hurry but it’s worthy arriving late and telling you my history.


Con esta tocha pero digerible parrafada, creo que ya he deleitado suficiente a los ojos del lector así que, la historia de este mozo la dejo para otra ocasión. Solo un aperitivo, se llama Klaus, de 35 años, conoció a su actual mujer en una biblioteca.


Si has llegado hasta aquí es que mis palabras te han conquistado un rato, por lo tanto permíteme el honor de darte un consejo para finalizar: Escápate solo a algun lugar, es sano. Para algo Dios nos ha dado 2 ojos, 2 oídos y una boca. Para que cotorroemos menos y observemos y escuchemos más. Buenas noches.

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