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  • sarahermarq

Vacaciones en México: los mejores 10 momentos

Actualizado: ene 12

Ayer volví de Puerto Vallarta. Pensaba que el jet lag iba a impedirme ponerme a escribir pero aquí estoy, con ganas de contar cómo fue la experiencia.


Mi amigo Mauricio me invitó hace unos meses a pasar las Navidades en México y aunque eran unas fechas complicadas no podía rechazar semejante oportunidad. Temperaturas de 28º, playas kilométricas, tacos apetitosos, grandes compañeros de viaje... ¿quién iría a decir que no a esto? Espera, sé lo que estás pensando, - ¿No tienes familia, Sara? Sí, evidentemente se mosquearon al principio un poco (mucho). Pero después de varios días entraron en razón. Me base en dos grandes argumentos. Primero, que el viaje me lo pagaría yo y segundo que cualquier momento del año también era bueno para reunirnos en familia. Tal y como son las tradiciones pareciera que solo fuera necesario hacerlo un día exclusivamente. "Reunámonos más veces todos durante el año, no porque haya una obligación social de hacerlo por ser Navidad sino por un deseo intencional de estar todos juntos". Y así, me fui a México.


Antes de que detalle cuáles fueron esos 10 mejores momentos del viaje, voy a explicar con qué gente viajé. En el año 2017, mientras estudiaba en ICADE en Madrid, vinieron unos 300 erasmus de intercambio a mi universidad. Yo me encargaba de organizarles el programa de bienvenida y gracias a ello, conocí a unas personas increíbles. En cuestión de meses, tenía amigos repartidos por Australia, Alemania, Sudáfrica, Suecia, China, Argentina, México, Chile etc. Ese mismo verano, que me despedí de ellos, alquilamos una villa en el Sur de Roma y disfrutamos los últimos días como nunca. Fue tan alucinante el viaje que todavía lo recordamos. Ya han pasado dos años de eso y este 2019 decidimos reunirnos todos en México para repetir otra de esas experiencias inolvidables. ¡Y así fue!


1. PRIMERA TOMA DE CONTACTO: PISO DE ENSUEÑO.


Una vez aterricé, cogí un taxi y me dirigí a las lujosas residencias ICON Vallarta. No era consciente del sitio en el que iría a vivir hasta que llegué. Para que te hagas una idea, a la casa solo se podía acceder por ascensor. Como diría mi tía, "Vaya nivel maribel". Esos primeros días estaríamos con los padres de mi compañero Mauricio, que por lo visto todos los años veraneaban en Puerto Vallarta y este nos habían invitado a disfrutar de ese espléndido piso con ellos. Como unas fotos valen más que mil palabras, te dejo aquí la prueba de lo que digo:


2. COMPAÑÍA INMEJORABLE


Si alguna vez vas hacer un viaje de este estilo, lo más importante no es qué vas a visitar, cuántos días tienes para hacerlo o qué tienes que llevar en la maleta sino con quién vas a vivirlo. Para disfrutarlo al máximo tienes que ir con gente con la que uno pueda sentirse como en casa y eso es algo que sin duda lo viví desde el minuto uno. Al principio de las vacaciones solo estábamos Mauricio, Joelle Haim y yo. Pero luego se unió Jake y toda la familia canadiense de Joelle, por lo que nos acabamos juntando unos 30. ¡Allá donde íbamos éramos un ejercito de gente con ganas de pasarlo bien!


3. MIENTRAS LA CASA DORMÍA

Repasando la galería de imágenes del viaje, he dado con esta foto y he sentido algo especial. Todas las mañanas me solía levantar de las primeras, buscaba un espacio acogedor y me ponía a leer. Mi amigos eran de esos que dormían a pierna suelta y si no les despertaba podía quedarse tranquilamente durmiendo hasta las 12. Lo conseguí hacer un día pero fue tal la siesta que se echaron por la tarde que acabé asumiendo que la mejor opción era disfrutar de las mañanas por mi cuenta. Acompañada, eso sí, siempre de un café y de un lento amanecer.


El libro que me terminé durante esos días se llama "True Riches", de Jeff Letz. Es un libro que se lo recomendaría a todo el mundo. Te explica, por un lado, cómo organizar tus finanzas en base a principios bíblicos - muy interesante, y por otro, te desmonta esa imagen de un Jesús pobre nacido en un pesebre sin recursos. Dios quiere que seamos prósperos en todas las áreas de nuestra vida, incluida la financiera. Por tanto, si quieres conocer el gran tema tabú de las iglesias - el dinero, lee este libro. ¡Alucinarás! Aquí lo tienes


4. PARAÍSO ESCONDIDO: CASITAS MARAIKA


Joelle nos habló de una ruta que hizo con su familia en Puerto Vallarta cuando era pequeña. Nos convenció rápido porque en cuestión de horas estábamos en el coche conduciendo a la Boca de Tomatlan, que era el punto de partida. Decidimos montarnos en el maletero de la camioneta para sentir más de cerca la naturaleza. ¡Y qué sensación! Con la mano derecha casi podía tocar la playa cristalina y con la izquierda el frondoso bosque verde tropical. Además, el sol nos acompañó en todo momento. Llegamos y nos pusimos en marcha. Era un camino un poco complejo, de subir y bajar constantemente millones de rocas, pero llegamos al destino sanos y salvos. Muy cansados pero con unas ganas locas de disfrutar del sitio al que acabábamos de llegar. Una especie de chiringuito aislado del mundo al que solo se podía llegar caminando durante 3 horas o en barco. Ahí estábamos. Comida, unos Djs insuperables, luces por todas partes y un ambiente mágico. Ese día dormimos ahí algunos.



5. UNOS DÍAS EN SAN PANCHO: EL PUEBLO DE LOS SURFISTAS


La idea inicial era pasar unos días en Sayulita, pero cuando estábamos llegando nos dimos cuenta de que nuestro hostal estaba en otro pueblo, en San Pancho. "Ops, fallo técnico" - dije. Estando en Puerto Vallarta nos recomendaron un par de veces este pueblo; que encajaba más con nuestra vibe - nos dijeron, así que, recibimos con brazos abiertos la equivocación. Pasar de estar en un casa con jacuzzi a un hostal con literas de tres pisos fue divertido. "This builds our character" - decía todo el rato Mauricio. Cuando el propietario del espacio nos preguntó qué nos parecía el sitio, respondió Joelle: "Super Iconic" - haciendo referencia al lujoso apartamento ICON. Todos nos partimos de risa excepto él, que no tenía ni idea de dónde habíamos estado previamente. Bueno... que puedo contar de San Pancho. Es un pueblo pequeño, con mucha vida diurna. Nocturna, no tanto. Es más relajado. Diría que toda la actividad se concentra en una calle transversal que va desde la entrada hasta la playa. En ella están todos los hippies vendiendo sus abalorios, los street ceviches, helados de frutas y turistas de pelo largo y rastas. Desde aquí mando un saludo a Jasmin, "la Soup Queen", el pobre borracho que nos encontramos gateando por la playa - espero que estés mejor, amigo, a la mujer que le vendió a Mauricio un collar de "protección" sin saberle explicar de que le protegería, a la violinista que nos tocó, a la salsa mayonesa que tanto le gustó a Mauricio y que acabamos regalándosela por su cumpleaños, al joven que me hizo comer saltamontes fritos y a un montón de personas más que hicieron únicos estos días en San Pancho.



6. SORPRESA EN SAYULITA POR EL CUMPLEAÑOS DE MAURICIO


El segundo día en San Pancho era el cumpleaños de Mauricio y tuvimos la genial idea de celebrarlo con el resto del equipo canadiense en Sayulita. Solo nos faltaba una cosa: reservar un restaurante para poder reunirnos unas 20 personas. Joelle y yo nos levantamos pronto esa misma mañana y nos pusimos a hacer llamadas. Todo el mundo decía que no tenía hueco para tanta gente o que solo podríamos estar 2 horas. Tarde o temprano Mauricio se iba a despertar y todo el día tendría que estar ya preparado para ese momento. Al final, dimos con el sitio perfecto, un restaurante en la playa en el que podía desplegar todo nuestro campamento sin límite de hora. Pasó de todo durante el cumpleaños de Mau, los chicos se tatuaron un mono - muy feo, en el pecho, estuvimos peleándonos contra las gigantescas olas varias horas - tarea compleja si uno ha ingerido un consumo elevado de alcohol, retamos a Mau a que se hiciera 10 fotos con gente de playa en menos de 1 minuto, probé los tacos más ricos del mundo y bailé mucho con Dan, uno de los chicos canadienses. Salió el día redondo.



7. NOCHEVIEJA DESDE LA ARENA


Los días avanzaban muy rápido. Cuando nos quisimos da cuenta ya era Nochevieja! La celebramos por todo lo alto. La familia de Joelle había reservado una zona en la playa y había contratado a una catering para servir la cena. La gente iba descalza, había velas por todas partes y unas tumbonas estupendas desde donde se podían ver los fuegos artificiales de año nuevo. En teoría todos teníamos que ir de blanco, pero como se pude observar en las fotos, nosotros nos saltamos un poco las reglas. De ahí nos fuimos al Malecón que básicamente era el centro de Puerto Vallarta. Recuerdo estar debatiendo en el taxi a qué bar ir hasta que llegamos y nos dimos cuenta de que la fiesta estaba en la calle, no en un sitio cerrado. Vimos que todo estaba plagado de gente con guirnaldas por todo el cuerpo y nos sumamos al club. ¡el ambiente festivo se palpaba en cada rincón! Nos quedamos en esa zona prácticamente toda la noche. Después de ahí nos fuimos todos a una casa y despedimos el día bañándonos en la playa. Por aquel entonces ya no estábamos alojados en ICON, sino en un hostal en el Malecón y a la mañana siguiente teníamos que hacer el check out. Bien pues, cuando nos levantamos Joelle y yo nos dimos cuenta de que el resto de compis no estaban en la habitación. Diciéndolo de otro modo, ¡todavía no habían regresado de la noche anterior! Mientras todo esto ocurría y hacíamos lo posible por contactar a los chicos, subieron varias veces para recordarnos que a las 12:00 había que despejar la habitación. Era una de esas situaciones de "tierra trágame". Finalmente, a unos minutos de tener que irnos vimos por la ventana salir de un taxi a unos despojos humanos y dimos gracias al Cielo. A día de hoy sigo sin saber qué paso esa noche, dónde leñes estuvieron y porque volvieron en ese estado tan catatónico. Yo no sabía si reírme o llorar. Menos mal que nuestra familia canadiense nos acogió por unos días y todo volvió a la normalidad!

8. GUADALAJARA POR LA NOCHE


Después de Año nuevo pusimos rumbo a León, para estar unos días en la casa de Mauricio con su familia. ¡Qué bien nos trataron! Fue una visita express porque al poco tiempo ya me tenía que volver yo a Puerto Vallarta porque mi vuelo hacía España salía desde ahí. Como Guadalajara estaba a la mitad del camino decidí hacer una parada y aprovechar para ver la ciudad. Me gustó mucho! Además mi cuerpo me pedía un poco de paz y estar un día entero sola, paseando, comprando y disfrutando de una bendita soledad, me vino muy bien. Nada más llegar, fui a un sitio que me recomendaron a comer "Birria de chivo caldosa". Estaba a las afueras de la ciudad, en la zona del cuartel. Un poco lejos pero mereció MUCHO la pena. Ay cielos, qué sabroso! Lo que más me sorprendió de Guadalajara era que cada calle estaba destinada a un producto en concreto. Por ejemplo, la calle de las gorras, de los chiles, de los aguacates, de las tortillas de maíz al por mayor etc. Nada estaba mezclado. Era algo exagerado. Mi autobús de vuelta a Puerto Vallarta salía a la 1 de la madrugada así que apuré al máximo para visitar hasta el más insignificante rincón de la ciudad. Mereció la pena que me quedara hasta tarde porque pude descubrir la sorprendente iluminación de sus calles por la noche.


Último detalle: estando allí me pasó algo muy curioso. Una vez ya era hora de volver a la estación, quise pedir un taxi, pero me cobraran una cantidad monumental solo por ser extranjera y además no tenía suficiente efectivo. Así que, mientras me pateaba la ciudad muerta del cansancio buscando un cajero, pregunté a dos empleados del metro. Ellos me animaron a que usara el magnífico transporte público de Guadalajara, que me saldría muchísimo más barato que un taxi. Sin embargo, cuando les dije que me dirigía a la estación cambiaron un poco de opinión porque por lo visto implicaba cruzar una serie de calles que a las 11:00 de la noche no eran precisamente seguras. Después de dar varias vueltas al tema, uno de los empleados se ofreció voluntario a acompañarme como si se tratara de un guardaespaldas. "Pero... ¿y tu trabajo?" - le dije. "Por esto también me pagan, por proteger a los turistas". Así que sin más rodeos, montamos en el metro y me acompañó hasta la puerta de la estación. En el camino, paramos en un puesto de tacos - cómo no, y le invité a cenar. Fíjate qué día tan particular.

9. TACOS & MICHELADAS POR TODAS PARTES


Adivina cuántos tacos nos llegamos a comer 4 personas en una tarde? Nada más y nada menos que 38! Cuando pensaba que iba a explotar y no podía más, veía otro en mi plato y la verdad es que no podía rechazar semejante manjar. ¡Qué ricos estaban! Si quieres probar lo mejor de México, prueba sin duda los Street Tacos. Mucha gente desconfía de ellos porque al fin y al cabo no dejan de ser tacos servidos en un puesto ambulante por un ciudadano local que de limpio tiene poco pero...hey, están deliciosos. Las micheladas, en cambio, no es mi bebida favorita. Allí se toman en todo momento, hasta para desayunar! Yo soy más de Pacífico, la cerveza típica de Puerto Vallarta. Ya para terminar, quería puntualizar que soy extremadamente sensible al picante y pensé que esto iba a ser una gran limitación culinaria en México, pero qué va, al final pedí todo sin picante y me atrevo a decir que me acostumbre un poco, lo cual nunca pensé que lo llegaría a decir! Por cierto la cara de Noah de la primera foto es debido a los 13 tacos que tenía dentro de estómago en ese momento y en la segunda foto podrás ver a Joelle y Haim con unas bebidas más grandes que sus cabezas. Eso fue en "Margaritas Grill", en el Malecón, también muy recomendable el sitio.


10. INTO THE JUNGLE Y...ME ENAMORO UN POCO


Mi último día en Puerto Vallarta me lo pasé literalmente en la jungla. Nos apetecía algo salvaje así que cogimos un taxi a la boca de Tomatlan y desde ahí un bote a la playa de las Ánimas. Para que te hagas una idea de los precios de méxico, ese bote nos costó por persona menos de 2€ y estuvimos unos 20 minutos navegando. Cuando llegamos, andamos un poco para encontrar una playa desierta y voilá, dimos con un paraíso. De hecho, la primera imagen que tuvimos de ese paisaje fue la segunda foto. ¡Sorprendente eh! Parecía que estábamos en medio de Jurassic Park. Las mayores olas que vi - no experimenté, porque no me atreví, fueron las de esa playa. Fue un día super completo. Se nos hizo un poco tarde y como nos estaba costando bastante dar con un taxi por la zona, acabamos cogiendo un autobús local, lo cual fue una increíble idea. Puso la guinda al pastel.

Sí, me enamoré un poco. Al final pasamos mucho tiempo con los primos de Joelle y sin querer darme cuenta empecé a sentir cosillas por uno de ellos, Dan. Era el mayor del grupo, 28 años, médico y sensato. Se notaba que tenía los pies en la tierra. Me lo pasaba muy bien con él, me gustaba su forma de ver la vida. Al principio nos veíamos porque coincidíamos en todos los planes, bailábamos un poco, nos reíamos, pero formalmente nunca habíamos hablado largo y tendido hasta un día que me propuso ir a correr con él. Mientras todos nuestros amigos dormían plácidamente, me sugirió ir al mirador de Puerto Vallarta corriendo. Acepté la invitación y al final pasamos toda el día juntos. Él se abrió un poco más y en fin, me gustó escucharlo. Todavía recuerdo la charla que tuvimos en la playa.


No obstante, estas historias de amor, por naturaleza, son fugaces. Ya me había pasado algo similar antes así que, en cierto modo, ya estaba mentalizada de que todo tendría una fecha de caducidad. Él siendo de Vancouver yo de Madrid. Casi a medio planeta de distancia. Bueno, qué se le va a hacer, espero que te vaya todo bien Dan. Ah! y también espero lector que te haya gustado mi aventura en México :)


Te dejo aquí unos mapitas para que pongas en perspectiva los sitios en los que estuve.




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